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Expédition Spéléologie Patagonie

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El tiempo cambia y, con él, los equipos

Publicado el 05-02-2017

El equipo al completo bajo el (escaso) sol de Madre de Dios

Miércoles 1 de febrero

El tiempo no hace más que empeorar este día en que regresa al campamento base el equipo del karst norte. Antes de abandonar un campamento hay que dejar las carpas bien aseguradas y desmontar la lona de protección para evitar que el viento la sacuda y acabe rompiéndola. Antes de partir, también hay que hacer el inventario del material y de la comida que se deja con el objetivo de que el siguiente equipo complete lo que falte.

El equipo que regresa nos detalla sus peripecias. La comunicación con el campamento karst norte es complicada y a la base han llegado solamente noticias fragmentadas. Nos cuenta que el 29, tras 45 minutos de marcha aproximadamente, Arnauld, Laurence, Jean-Philippe, Cédric y Luc (del equipo de cine) habían decidido desplazar el campamento. El “Nido del Champiñón congelado” está situado a un cuarto de hora de marcha en un lugar un poco más elevado que el campamento anterior, también en una zona rocosa por donde circula el agua, pero hay sitio para montar tres carpas y una lona al abrigo del viento (menos del viento del norte). Las carpas que se instalan están empapadas y la lluvia no cesa. Además, hace mucho frío… pero ¡la aventura es la aventura! El agua que se desliza sobre la roca entra en las carpas… para no salir. Ha habido que hacer unos cortes en el suelo de una de las carpas para que el agua circule. Después de una sopa caliente, uno se mete vestido en el saco de dormir con la esperanza de secarse un poco. La noche es glacial y difícil. El 30 temprano amanece con montoncitos de granizo que se van derritiendo por todas partes, signo de la rudeza del clima.

Pero el tiempo ha mejorado: la lluvia (que a veces es granizo) es ahora intermitente. El primer objetivo que se escoge es la banda de arenisca situada al norte, que burló al equipo anterior. Alcanzarla es cualquier cosa menos fácil: fracturas, depresiones y franjas de bosque muy denso que ralentizan la progresión. El itinerario pasa cerca de un gran pozo de 80 metros y una gran cueva. El sumidero al que finalmente llegan tras tres horas de marcha es decepcionante. Los caminantes resiguen el contacto arenisca-caliza hasta llegar a un punto elevado desde el que ven, lejos y al nor-este, el canal Trinidad y el seno Egg.

Martes 31. El tiempo empeora y, a priori, apetece más ir bajo tierra que explorar el karst de superficie. Arnauld y Laurence llegan a los - 47 m en la cueva de los Gringos que el equipo anterior había localizado. Cerca del campamento, situado en la “dolina del Camello” (llamada así por la forma de una roca calcárea cercana), Cédric encuentra dos pozos paralelos secos. Hacia los - 25 m, lo alcanzan Arnauld y Jean-Philippe. Los tres llegan a una zona más ancha inclinada que da a un magnífico pozo de 50 metros (vacío absoluto), que da a una gran sala de 30 metros de diámetro. El conjunto es magnífico. La cavidad sigue, pero hay que poner cuerda. Conduce a un derrumbe, luego, al “meandro de los Egipcios”, tan estrecho que uno tiene que escoger antes de entrar en él de qué lado poner la cabeza para poder franquearlo… Inevitablemente, una zona de pinzamiento los detiene a la cota de - 120 m. Salen a la superficie a las 23h, cuando ya ha oscurecido.

Hoy toca volver al campamento base. Abajo, un lobo marino hace piruetas en el agua, que el fondo de fina arena colorea de verde claro. Pero con la marea baja el zodiac ha quedado posado en tierra. Hay que desencallarlo, lo que -por suerte- no presenta mayor dificultad.

El Bombard ha quedado en tierra. Habrá que desplazarlo...
Regreso a al campamento base tras varios días de exploración

Los buzos están en el sifón de la Chinita. Vincent, Carlos y Franck cuentan con la ayuda de dos porteadores, Laurent y Richard, ya que el acceso es complicado y el material pesa. Y es que van a bucear los tres. Hay que hacer dos viajes para llevarlo todo. Los dos porteadores ahora de dedican a actividades de tipo científico: medición de temperatura, humedad, conductividad del agua. En el primer sifón, Franck deposita un luirógrafo (un aparato autónomo que, entre otras cosas, permite hacer un seguimiento a largo plazo del nivel del agua, es decir, del caudal del sifón). Luego, instala dos captores de temperatura en la galería inter-sifón. Vincent y Carlos lo alcanzan y los tres se dirigen al segundo sifón, que es amplio y de agua clara. Vincent va delante y desenrolla el hilo guía luchando contra la fuerte corriente. Franck fija el hilo y Carlos filma.

Al llegar a -33 m, Franck pasa a sus botellas principales cuando uno de sus reguladores se congela y se pone en flujo de aire continuo (lo que provoca que se vacíe la botella muy rápidamente dejando sin aire al buzo). Cambia que boquilla y da media vuelta. Avisa a Carlos, quien capta rápidamente e intenta cerrar el regulador de Franck. Es entonces cuando se le congela el segundo regulador y se produce otra fuga de aire. ¡Alerta máxima! Pero esto no es todo… hoy Franck no lleva las botella en “lateral” (una a cada lado del dorso), sino en “dorsal”, lo que le impide llegar a los reguladores para controlar la situación. A Carlos no le da tiempo de reaccionar. Franck ha decido rápidamente hacer otra cosa: como no llevaba mucho tiempo buceando puede salir a toda velocidad hacia la marmita de la que parte el sifón 2.

Los buzos se equipan en la entrada del sifón de la Chinita

Finalmente, Franck consigue salir del sifón, mientras que sus reguladores siguen perdiendo aire hasta que no le quedan más de 50 bares de presión (de los 230 iniciales) en las botellas, es decir, de tres a cuatro minutos de aire. Le ha ido de un pelo. Franck se ha llevado el mayor susto de su vida. Vincent, que sigue a la cabeza, al no ver a sus compañeros (habían acordado permanecer juntos), comprende rápidamente algo grave ha tenido que ocurrir. Abandona la punta a - 38 m, a 122 m de la entrada del sifón 2, con una continuación hasta unos - 45 m en una galería de casi veinte metros cuadrados de sección, que expulsa 3m3 de agua a 6 °C por segundo. Al llegar al sifón intermedio, Vincent le pasa a Franck su botella de reserva para que pueda superar el primer sifón. Todo vuelve a la normalidad, pero el capítulo que se cierra ha sido difícil. La sangre fría y la experiencia de nuestros tres buzos han evitado lo peor.

Jueves 2 de febrero

La cueva de las Tres Entradas sigue centrando nuestro interés. Stéphane, Laurent, Joël y los dos Georges, acompañados por Cecilia, nuestra arquitecto, trabajan hoy en la zona de entrada donde todavía no se han revisado varios inicios de galerías (algunas de ellas, con corriente de aire). El programa es explorar, instalar, topografiar, fotografiar. Por la tarde se ha explorado toda la zona y la maraña de galerías superpuestas que caracterizan esta parte de la cavidad se torna aún más compleja. Durante este tiempo, Laurence, Cédric, Florian, Bernard y Jean-Marc se encuentran en el final de la cavidad, siguiendo la corriente de aire, abandonando los afluentes laterales que van encontrando. La gran cantidad de escaladas (que consumen un centenar de metros de cuerda) los retrasa. El perfil de la cavidad presenta el aspecto de dientes de sierra. Todo parece indicar que es posible conectar con otra cueva que da al exterior.

Laurence en exploración en la cueva de las 3 entradas

En total, el desarrollo de la cavidad hoy ha aumentado en más de ciento cincuenta metros de galerías nuevas. La cueva de las Tres Entradas cumple con las expectativas.

En el mismo sector, Arnauld, Jean-Philippe y Richard siguen con la prospección sistemática de la base de las paredes costeras. Las más de 4 horas de progresión por el bosque no aportan ningún nuevo descubrimiento.

La video-conferencia con el liceo Auguste & Louis Lumière (que no se había podido realizar antes), transcurre sin incidentes. José hace un recuento de las virtudes pedagógicas de la espeleología, Bernard les habla sobre el desarrollo de la expedición y Vincent responde a las numerosas preguntas. Los alumnos están encantados, lo mismo que nuestros representantes.

Aprovechando que el tiempo mejora (relativamente), Natalia, Denis, Lionel y José suben hacia el karst norte. Este campamento es realmente itinerante. Se encuentran las carpas empapadas, llenas de agua. En resumen: el campamento es inhabitable. Lo desmontan todo y lo instalan inmediatamente en un tercer lugar que acondicionan para poder montar dos carpas. Es un punto intermedio entre los dos primeros emplazamientos, protegido por una pared y un poco de vegetación.

Viernes 3 de febrero ¡Aperitivo en la terraza!

Esa mañana, al abrir la puerta de la carpa, tanto en el karst norte como en el campamento base, nos espera una gran sorpresa: ¡hace bien tiempo! No se trata de un simple trocito de cielo azul en un mar gris. No. El cielo está completamente azul y por él circulan con parsimonia simpáticos cumulus. El campamento base todavía está a la sombra, pero la Gran Barrera, que vemos justo enfrente, se presenta con todo su esplendor, con sus laderas cargadas de densos bosques que culminan en las blancas cimas. Rápidamente, el sol desescala por las laderas e ilumina el campamento. Enero no ha tenido piedad de nosotros, pero febrero (que estadísticamente es mejor) se nos presenta con su mejor cara.

El pequeño grupo del karst norte admira el paisaje rocoso que lo rodea y que se seca rápidamente. Todo se torna de un blanco casi cegador. Se dividen en dos equipos. Lionel y Denis van a explorar un pozo de superficie situado no muy lejos del lugar donde se había instalado el segundo campamento. Es un bonito pozo de 40 metros que da a una simple pendiente de derrumbe y llega a la cota - 50 m, sin salida.

Natalia y José prospectan el lapiaz hacia el sur-oeste en dirección a la caleta San Pedro. El lapiaz es magnífico, pero ¿cómo saber cuál de las innumerables aperturas que agujerean el suelo es la que permite bajar a mayor profundidad? En este lugar, donde hay que buscar no es en medio del karst, sino en las márgenes, en el contacto con la banda de arenisca situada más al norte, a la que se ha llegado recientemente y de la que se ha revisado una pequeña zona, que habrá que seguir prospectando hacia el nor-oeste, con el objetivo de buscar sumideros por los que se pierden las aguas de superficie que circulan por terrenos impermeables. Los sistemas más interesantes de aquí se han formado en estas condiciones. Por desgracia, el karst norte es inmenso y este objetivo queda muy alejado. Natalia y José caminan seis horas, atravesando suntuosos paisajes con increíbles formas de roca cincelada, pero no encuentran ni cometas ni champiñones de roca. La razón es simple: por estos lados, en el suelo, no se encuentran los bloques erráticos de roca insoluble que preceden a su formación.

Lo único que encuentran es un “sombrero de champiñón” de caliza posado en el suelo, aunque se trata del resto del desmantelamiento de un fino estrato calcáreo. Este fenómeno de ablación o de alteración de diminuto estrato da lugar a bloques de caliza que, a veces, ¡”caminan”! De hecho, se desplazan poco a poco por la pendiente, dejando detrás de ellos una “pista” que consta de marcas sucesivas (3 o 4) más oscuras que el claro suelo. Lo que también hace que se desplacen son los excepcionales episodios de fuerte viento o de escorrentías particularmente violentas que las va empujando pendiente abajo. Aquí, las piedras caminan y, en los collados con fuerte ventilación, incluso llegan a volar.

Tras un breve receso de buen tiempo por la tarde, regresa el sol, de manera tan intensa que en el campamento base, por primera vez, se toma el aperitivo en la terraza, delante de la cabaña, mirando al sol que va descendiendo hasta desaparecer tras la colina de enfrente, iluminando de lado el Barros Luco, que se presenta liso como un espejo.

Puesta de sol en el seno Barros Luco

Por desgracia, para el equipo de enero este buen tiempo llega demasiado tarde. Su partida está programada para el domingo a las seis de la mañana, así que hoy toca lavar, secar, ordenar, doblar, acondicionar, guardar. En los bidones que se cargarán en el contendor y que llegarán dentro de varios meses a Francia metemos bloques de carburo de calcio para que absorban la humedad y eviten que el material se oxide y la ropa se pudra.

Los que se quedan los dos meses no tienen estas obligaciones y se dedican a sus labores. Como el tiempo acompaña, programan una salida al Barros Luco. No faltan candidatos: diez se lanzan sobre los dos zodiacs para salir por el día, con gafas de sol y crema solar, ya que aquí estamos en los límites del agujero de la capa de ozono que afecta a la Antártica y el UV es muy fuerte.

El objetivo es ir a filmar las muescas marinas situadas en la extremidad de la Gran Barrera y hacer un reconocimiento del camino de acceso al campamento 2 de 2010. Se da un rodeo para pasar por la resurgencia de la cueva de las Tres Entradas, donde ayer se hizo una coloración. ¿Habrá salido la fluoresceína? ¿El agua saldrá de color verde? No está claro y hay diversidad de opiniones. Se realiza un muestreo que se analizará en laboratorio. Bernard aprovecha para ver el acantilado más de cerca usando un original método: con el dron del equipo de cine y el visor del video ve directamente y fotografía esta entrada que, de otro modo, solo sería accesible tras una larga escalada.

Después comemos algo en la zona de las muescas en un ambiente que recuerda al de la costa de Marsella… Richard quiere ir a ver una resurgencia que ha localizado por fotografía aérea. Es una entrada que se abre directamente al mar y que da a una marmita de la que parte un bello sifón por el que salen de 2 a 3m3 por segundo a pesar de los dos días sin lluvia. Sin duda, hay que volver. Gracias al Nautiz X8 que nuestro partner Handheld nos ha puesto a disposición, la cavidad se geolocaliza y fotografía a la vez y se ubica, automáticamente, en el mapa de base que viene con el aparato.

Luego, el grupo busca el camino de acceso que permita llegar a pie hacia los senos Norte y Contreras, trayecto que se recorrió ya en 2006 y que será nuestro itinerario de evacuación en caso de necesidad. Último golpe de suerte: no muy lejos del lugar, cerca de donde habíamos encontrado el bidón de material de reparación de los botes Bombard hacía dos días, encontramos la botella de buceo de carbono que se había perdido.

La noticia llega al campamento base hacia las 15h por teléfono satelital: el equipo de febrero ya se ha hecho a la mar. Los que descubren la Patagonia por primera vez y navegan en estas condiciones idílicas sin duda alguna pensarán que les hemos mentido sobre este lugar y su clima. Pero están viviendo algo así como un espejismo. Tiempo al tiempo. Es la última tarde y los ánimos están divididos entre los que se quieren quedar y los que desear regresar. Festejamos con un pisco sour y tostadas de pan recién hecho por Georges con foie gras de Richard, seguidos de una gran variedad de flammkuchen y de pizzas magistralmente cocidas a fuego lento por Luc. Hablamos durante un buen rato sobre este mes que ha pasado tan rápido y que ha sellado tantas amistades. Nos acostamos tarde, admirando por primera vez la vía láctea y los astros de este cielo austral menos conocido para nosotros, como la Cruz del Sur, que brilla sobre la punta este de la Gran Barrera.

Los delfines escoltan al equipo de febrero

Sábado 4 de febrero

Tras la fría noche que trae un cielo despejado, se produce la magia: hoy hace mejor día aún que el día anterior. A las 9h, el don Arturo y el Rosita aparecen por el horizonte, turbando apenas las calmas aguas.

Para los miembros del equipo de febrero que empiezan a desembarcar y se dirigen al campamento base, poner los pies sobre Madre de Dios es duro. Sus flamantes zapatillas de la civilización patinan en la marcada y fangosa pendiente que nuestro porteo de material del inicio ha convertido en un fangal. Meter los pies por completo en un barro oscuro y líquido en menos de diez metros es un bautismo a fuego un poco rudo, pero es una buena manera de tirarse, literalmente, a la piscina. Pero, por lo demás, los afectados pronto superan el trance, felices de poner los pies finalmente sobre Madre de Dios. Los que parten, por el contrario, han elaborado ya estrategias para llegar con los pies secos al barco. Hombre prevenido vale por dos.

Nos reencontramos, nos saludamos, las carpas se vacían y se vuelven a llenar con nuevos ocupantes. La tirolina vuelve a ponerse en funcionamiento y por ella suben y bajan de manera alterna mochilas y bidones de material de los uno y de los otros. Ha llegado el reaprovisionamiento de carburante, gas y víveres para completar lo que empezaba a escasear. Por la noche, de nuevo, fiesta. Marcelo hace un cordero al palo para celebrar este momento de cruce de los dos equipos. Unos parten con los ojos llenos de recuerdos; los otros llegan con ganas de descubrir lo que les depara el destino.

El equipo se renueva y la expedición continúa.

El apunte sobre ciencia

Espeleotemas extraídos para un estudio paleo-climático

Ir bajo tierra y explorar las cavidades permite remontarse en el tiempo y encontrar la huella de climas pasados. De hecho, el medio subterráneo no es un medio cerrado, sino todo lo contrario. Se trata de un espacio de intercambio permanente con el exterior. Los ríos de superficie que se pierden bajo tierra transportan, por ejemplo, elementos (cantos rodados, arenas, materia orgánica, etc.) que podemos encontrar atrapados en las cuevas. Asimismo, las estalactitas y estalagmitas crecen con el agua que se filtra en el sistema de fisuras, pero esta agua procede de la superficie y también transporta con ella elementos diluidos. Para quienes las saben leer, estas informaciones contenidas en las entrañas de las cuevas pueden convertirse en una potente grabadora de las variaciones medioambientales del pasado.

Durante la exploración del Ojo de la Madre (uno de los sumideros más altos que hemos podido explorar), pudimos identificar una sección sedimentaria muy interesante en un rincón lateral a la galería. Esta sección estaba compuesta por una importante acumulación de grava, cantos rodados y arenas. Pudimos identificar que, por encima, se estaba formando una concreción (ojo-B). Además, bajo la sección sedimentaria, otra concreción (ojo-A) había sido sellada por las arenas y las gravas. Sin embargo, se sabe que los espelotemas se formas principalmente durante las fases climáticas cálidas o templadas (como el periodo actual).

Extracción de la muestra en el Ojo
Extracción de la muestra en el Ojo

Los depósitos detríticos (cantos rodados, gravas y arenas) son testimonio de fases frías o de fases de flujo más importante. También sabemos que la última fase glaciar importante del planeta tuvo lugar hace entre 22.000 y 25.000 años y que recubrió gran parte del archipiélago Madre de Dios. A partir de estos conocimientos generales y de estas observaciones de terreno es posible pensar que la estalagmita escogida (ojo-A) data de un periodo cálido anterior al último periodo frío. Sin embargo, las estalagmitas pueden datarse con métodos radiométricos y, por ende, debe ser posible datar el conjunto del depósito tomando dos espeleotemas que enmarquen la serie detrítica.

Análisis de la sección del Ojo
Análisis de la sección del Ojo

Existe un acuerdo de colaboración entre Centre Terre con el laboratorio Edytem (CNRS-Universidad de Savoya) y la universidad de Melburne (Australia), ambos centros especializados en los estudios paleo-climáticos en cavidades. Los dos espeleotemas extraídos serán objeto de micro-extracciones de muestras que se datarán mediante el método Uranium/Thorium, un método que permite obtener la edad absoluta hasta un máximo de 400.000 años, es decir, más allá del último periodo frío. También se prevé realizar análisis isotópicos (que permiten detectar las paleo-temperaturas). Igualmente esperamos entender mejor las variaciones climáticas de todo el borde oeste de Patagonia durante las últimas decenas de miles de años.

Espeleotema del Ojo A&B
Espeleotema del Ojo A&B

Extracción de la muestra en el Ojo : extracción de la sección sedimentaria en el sumidero «Ojo de la Madre». Una importante espesura de cantos rodados, de gravas y de arenas da fe de un flujo de agua que ha transportado estos elementos detríticos probablemente al final del último periodo glaciar.

Análisis de la sección del Ojo : los documentos (topografía de la cavidad, toma de muestra de la sección, descripción de las muestras) se pasan a limpio y se ordenan en el campamento base pocos días después.

Espeleotema del Ojo A&B : se extraen los dos espeleotemas que encuadran la serie detrítica. Serán objeto de dataciones absolutas mediante el método Uranium/Thorium y de análisis complementarios que permitirán aumentar el conocimiento las variaciones climáticas acaecidas en la región durante las últimas decenas de miles de años.


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